Todo empezó en la carretera rumbo a nuestro destino, sol, música (buen rock) y la emoción que te da cuando sales a un viaje de placer. LLegamos a la casa y realizamos todo procedimiento necesario para consentirnos. Salimos a la terraza, cada quien con su respectiva "helada" y nos dispusimos a admirar el atardecer.

Ya entrada la noche y a la luz de la luna nos fuimos a comer a un restaurant de mariscos a la orilla de mar. Bastante afrodisiaco el panorama no? Pero que lastima! Estaba con mis papas.

Regresamos a la casa y a la luz de la luna y copitas de vino, escuchamos música de la época de mis papas. Analizamos canciones, meditamos, evocaron recuerdos de juventud, mientras enlazábamos nuestros pensamientos y sentimientos. Logré entender que sus inquietudes e ideales no eran muy diferentes a las nuestras (Escuchen a Serrat con la canción de "la fiesta"). Acto seguido, dormimos.
A la mañana siguiente con el ánimo y actitud de deportista extreme, me puse el traje de baño y me fui a caminar por la playa para mandarle un poco de oxigeno a mis músculos (uuuy que extreme). No contenta con eso, cuando llega el Tío Joachi (tarzán) con su kayak, mi espíritu aventurero no la pensó dos veces, a REMAR!! Gracias, sigo con dolores musculares. Después de una mañana estimulante decidimos dejarnos acariciar por la gula. Tarzán, quien también resulta ser gurú en la cocina, nos preparó en 15 minutos una carne deliciosa en vino tinto y unos camarones bañados en salsa de limón. UFFAA! fui feliz!
Terminamos agotados y decidimos regresar a nuestra realidad, casita, regadera, cena con los amigos y un clavado a la cama. FIN
DILE A LA VIDA QUE VIVA!

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